13 de marzo de 2009

Cerrar los ojos

Cerremos los ojos, no digamos nada. Quedémonos en silencio unos minutos más. Abrázame. ¿Recuerdas esos días cuándo me tomabas de la mano y moría? Pereciera Que fue ayer cuando caminábamos por las calles después de ir al cine a ver una de esas películas que tanto te gustan. “Este, es cine de arte” me decías, yo te miraba con sorpresa, salía de la sala sin saber exactamente que era lo que había visto. Es cierto, no siempre salía así, por ejemplo, aquella vez que vimos la película italiana. ¿Cómo se llamaba? Era italiana o francesa, siempre son de esos países cuando una va a ver “cine de arte”. ¿Pero, qué es el cine de arte, cómo sabes que una película es de arte? Esa pregunta te la hice una ves y es la fecha que no me la contestas. Será porque ni tú conoces la respuesta. En fin, no recuerdo que película era. Esa noche decidimos no regresar a casa, como todos los jueves que íbamos al cine, fuimos a cenar y de ahí a un bar y no dormir, lo recuerdas. Aquella noche fue grandiosa, siempre regreso a ella cada vez que tú y yo discutimos. Esa noche fuimos para los dos, completos. Sin miedos, sin juicios, sin pensarnos. Nos amamos plenamente. Me abrazaste con tanto amor, que hay días que creo sentir tus brazos en mi cuerpo.


Recuerdo aquel día que nos vimos por primera vez. Era la fiesta en casa de un amigo en común. Te acercaste a mí, tenías en la mano una copa de vino. Llamaste mi atención porque en la fiesta solo había cerveza y una que otra botella de ron. Me dijiste si quería un poco y con tu mano izquierda tomaste mi hombro. No supe responder, mi cuerpo se quedo mudo a tus movimientos. Te pregunte de donde habías obtenido el vino y tu respuesta fue rápida: “me la robe de la cava”. Tome tu copa y salimos. La botella estaba en una de las bolsas de tu chamarra. Nos sentamos en las escaleras que llevan a la calle de la casa. Platicamos, toda la noche, solo hicimos eso, platicar. Hablamos de mi vida y tu vida, repasamos con monotonía los asuntos de un trabajo que nunca nos ha tenido satisfechos, hablamos de libros, cine, como hablaste de cine. Te dije me gustaba la pintura y en silencio me escuchabas, tus ojos penetraban mi mirada, no te voy a mentir, más de una ocasión no supe como evitar que me miraras, quería decírtelo pero no pude, o no supe, como hacerlo. Entrada la madrugada, regresamos a la fiesta, la botella de vino se había acabado. Nos sentamos en la sala. Una hora después, te despediste y me besaste, un beso pequeño, rozando la comisura de mis labios. Otra vez, no supe responder.


Una semana después me llamaste. Conseguiste mi teléfono, te pregunte porque no me lo habías preguntado a mi, no me contestaste. Salíamos, cenábamos y regresábamos a casa de uno de los dos, pocas fueron las noches en las que dormimos de verdad. Al año de salir y dormir juntos mude mis cosas a tu casa. Así, cumplimos tres años.


Llegaste una noche, cansado, y antes de saludar me pediste tiempo, me abrazaste y fuiste al cuarto. Recostado en la cama me acerque a ti y te pregunte que pasaba, no lo sé me dijiste, solo ya no te quiero. Un frío recorrió mi cuerpo, te abracé y te sentí temblar en silencio, llorabas. Mira que eres cabrón, al día siguiente antes de que yo despertara tomaste tus cosas y te fuiste. Cosa extraña porque se supone yo estaba en tu casa, abandonaste todo. Te fuiste.

Sería aburridísimo contar los pormenores de tu huida y las preguntas que me hice de tu partida. El no saber que hacer los primeros días, el regreso a mi casa, a la oficina. Acostumbrarme a mi misma, en soledad, vivir conmigo. No vale la pena contar y vivir esa historia de nuevo. Tu partida y sus razones, son lo de menos, hoy ya no importa. Te fuiste para no regresar, tu “tiempo” aun no termina. Muchos han ocupado tu espacio, tus sábanas y se han bebido tus vinos. Sí, todo eso me traje de tu casa. No sé porque lo hice, creo que, en ese momento me era necesario, no quería que te fueras y tus cosas me recordaban a ti. Hoy, lo que antes fueron tus cobijas cubren mi cuerpo y el de otra persona. Pero temprano se va, sin regresar, otra vez.

Hoy recibí una visita, me pedía fuera al hospital. Un hombre, bastante lastimado, murmuraba mi nombre y una dirección, la mía. Fui, pues y entre al cuarto. Claro, ya lo sabrás tú mejor que yo, sabías que iba a ir. ¿Qué te pasó? pregunte, la respuesta fue un tenue murmullo, seguramente una “nada” como acostumbras hacerlo. Te veías enfermo, tu cuerpo no era el mismo, delgado y los ojos hundidos, irritados. Sentiste mi mano en la tuya y cerraste los ojos. Despertaste dos días después, volteaste tu cara hacia mi y trataste de decirme algo, no te deje, puse mis manos sobre tus labios para callarte. Cerremos los ojos, no digamos nada. Quedémonos en silencio unos minutos más.




13 leiditos se aventaron unas cosas de ¡Valgame Dios!:

Luis David dijo...

Ooorales.

Un regreso por la puerta grande.

Muy bueno.

abrazo

chely dijo...

Gracias por compartirlo, muy bueno...las personas se alejan pero no se olvidan.

Un abrazote

chely

Abraxas dijo...

Excelente Iván, me gustó mucho, tienes una gran sensibilidad y sabes transmitirla maravillosamente. Felcidades, te quiero mucho.

Norma dijo...

querido Ivan te felicito, tienes el amor a flor de piel,es lo único que no hace escribir de esta manera, me gusto mucho espero seguir leyendo más de ti, y gracias por compartirlo conmigo, yo ando en las mismas pero en otro estilo,jijiji, en fin arrieros somos y en el camino andamos, cuidate te quiero mucho,

[ Raúl de Alejandría ] dijo...

Lindo post.

Yo invito el sondtracK:

" (...) Si yo encontrara un alma
como la mía,
cuantas cosas secretas
le contaría,

un alma que al mirarme
sin decir nada
me lo dijese todo
con su mirada.

Un alma que embriagase
con suave aliento,
que al besarme sintiera
lo que yo siento,

y a veces me pregunto
que pasaría
si yo encontrara un alma
como la mía."

Se llama "Alma mía" y es de la mismísima María Greever. Ay, qué bonito, ¿no?

R. de A.

nb. Date una vuelta a mi blog. Me acabo de aventar un cuento que no parecía ser tan largo en word, lo juro.

pk dijo...

volviste!
mañana vengo a leerte
abrazo!

pepe dijo...

Por aquí de visita.
Muy buen regreso, excelente narración, da para mucho más, esperamos las siguientes secuencias.
Felicidades.

Yayo Salva dijo...

Un texto intenso. Estás en la línea.
Saludos.

Swirlies dijo...

¡Guau!.

pk dijo...

contacto, encuentros, piel...
qué buenos párrafos, querido amigo.
te dejo un abrazo!

Maria Contreras dijo...

YO nomas por aqui pasando, pues que buen regreso felicidades te quiero

Maria Contreras dijo...

Valgame Dios! que cosas dice este muchacho ya crecio el Ivancito de nuestro chito, que bonita alma tiene este nino, Valganos Dios, puras maravillas con esta sagrada familia del senor, ni modo tenemos que celebrar nuestro paso por estos caminos y senderos cada manana al despertar abrazate fuerte en mi nombre

Montse OR dijo...

No es la primera vez que lo leo, pero sí la primera en la que pienso (después de una llamada) lo mucho que puede uno compartir a través de la distancia y, a pesar de la diferencia de circunstancias, uno puede llegar a sentir que se lee a sí mismo, que describen su propia historia como si el que decidió escribir nos quisiera recordar eso que tanto queremos olvidar... sólo se produce la sensación de querer escapar pero tememos irnos de aquello que hemos amado tanto sin saber que al quedarnos lo perdemos más que al irnos...

Un saludo.