1 de julio de 2011

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La mano se quedo estirada frente al timbre de su casa, tiesa. Su mirada veía el número 4, en silencio. La cabeza le genera ideas al mil por hora y se hacía preguntas que se contestaban de manera inmedianta y siempre concluían en lo mismo: Deja, no lo hagas, quizá inoportunas, deja. Sabía perfectamente que estaba haciendo todo lo contrario a lo que la razón y el corazón le decían, quería verla, estar con ella, platicar con ella, escucharla. Hacer lo que siempre han hecho, escucharse. Decidió mandar un mensaje: "Quería verte" Abajo de su casa, en la noche. En la esquina se explico que había tomado una buena decisión porque la última ventan del departamento aun estaba encendida.

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